La Corte de Apelación de Ámsterdam dictaminó este martes que los conductores de Uber Technologies Inc. en los Países Bajos no son empleados, sino contratistas independientes, en una decisión que supone un giro relevante en uno de los litigios más prolongados y emblemáticos sobre la economía de plataformas en Europa.

El tribunal concluyó que las condiciones laborales de los conductores de Uber varían demasiado como para aplicar una clasificación uniforme. En su resolución, la corte subrayó que el grado de autonomía, la toma de decisiones empresariales y el nivel de riesgo asumido difieren significativamente entre conductores, lo que impide considerarlos colectivamente como trabajadores asalariados.
El caso fue impulsado por el sindicato FNV, una de las principales organizaciones laborales del país, que defendía que Uber actúa de facto como empleador y que sus conductores deberían estar cubiertos por el Convenio Colectivo del Transporte en Taxi, con acceso a salario mínimo garantizado, vacaciones pagadas y otras protecciones laborales. Tras conocerse el fallo, el sindicato manifestó su “profunda decepción”, aunque recalcó que no dará el conflicto por cerrado. FNV anunció que estudia tanto la interposición de un recurso como la posibilidad de iniciar demandas individuales en nombre de conductores concretos.
La sentencia revoca una decisión clave de 2021, cuando un tribunal de distrito de Ámsterdam determinó que la relación entre Uber y sus conductores reunía todas las características de un contrato de trabajo. Aquella resolución fue celebrada por los sindicatos como un avance histórico, pero Uber la recurrió argumentando que no reflejaba la realidad de la mayoría de los conductores, quienes —según la empresa— valoran la flexibilidad y la independencia que ofrece la plataforma.
En un comunicado, un portavoz de Uber afirmó que el fallo confirma el “derecho de los conductores a trabajar de manera autónoma y a elegir libremente cuándo, dónde y durante cuánto tiempo desean operar”. La empresa sostuvo además que la decisión aporta mayor claridad jurídica en un entorno regulatorio que sigue siendo fragmentado e incierto en Europa.
Más allá del caso neerlandés, la sentencia se inscribe en un debate más amplio sobre el futuro del trabajo en la economía digital. Uber y otras plataformas como Deliveroo y Bolt Technology han enfrentado demandas y presiones regulatorias en múltiples países, donde los sindicatos reclaman mayores garantías laborales para millones de repartidores y conductores que obtienen ingresos a través de aplicaciones. Las compañías, por su parte, advierten que imponer un modelo laboral tradicional podría reducir la oferta de trabajo y eliminar la flexibilidad que atrae a muchos trabajadores.
Algunos países europeos han optado por marcos más estrictos. España, por ejemplo, aprobó la llamada “ley rider”, mientras que en el Reino Unido los tribunales han reconocido a ciertos trabajadores de plataformas una categoría intermedia con derechos limitados. A nivel comunitario, la Unión Europea intentó impulsar una normativa común para la economía de plataformas, pero la falta de consenso entre los Estados miembros derivó en una versión suavizada que deja en manos nacionales las decisiones más relevantes.

Para llegar a su conclusión, la Corte de Apelación de Ámsterdam analizó múltiples indicadores de actividad empresarial. Entre ellos, el volumen de inversión realizado por los conductores (como vehículos y seguros), su capacidad para fijar estrategias de trabajo, la libertad para aceptar o rechazar trayectos, la gestión de horarios y la asunción de riesgos relacionados con responsabilidad civil o incapacidad laboral.
Expertos legales señalan que, aunque el fallo no pone fin al debate, sí podría influir en futuros litigios en los Países Bajos y en otros mercados europeos con marcos legales similares. Al mismo tiempo, el anuncio del sindicato de continuar la batalla judicial sugiere que la tensión entre plataformas digitales y derechos laborales seguirá siendo un tema central en la agenda política y económica del continente.